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Es frecuente que los padres
hayan padecido un verdadero
peregrinaje de un profesional a
otro, antes de recibir el
diagnóstico. Pudieron decirles
que el niño es autista, que
tiene conductas autísticas o que
padece un trastorno generalizado
del desarrollo.
Independientemente de qué
palabras sean utilizadas, suele
ser un choque devastador para
los padres que ya han pasado por
meses o años de preocupación,
desilusión y presentimientos
poco descriptibles, pero claros,
de que algo anda muy mal.
Negación
Un elemento
distintivo del autismo, es el
que facilita en la familia y en
los padres en particular, la
negación del problema. Debido a
que en la mayoría de los casos
el individuo autista parece
físicamente "normal"; aunado al
hecho de que es poco frecuente
que los médicos detecten
problemas fisiológicos que
expliquen el comportamiento del
autista, es común que los
miembros de la familia se
planteen individual o
colectivamente la idea de que
"no es tan grave, puesto que no
se ve",
o bien que
"como no se ve, no existe una
causa justificada, y por lo
tanto el niño debe ser normal".
Como vemos,
las características propias del
autismo favorecen en la familia
la negación del problema, que
puede ir desde el pretender que
todo está bien y pasará con el
tiempo, hasta formas de negación
más sofisticadas, donde
encontramos padres que acuden a
servicios especiales para
autistas y participan
entusiastas, pero conservan en
el fondo la idea de que todo
esto se hace
"mientras se compone".
El efecto más grave de esta
negación es que la familia
posterga una serie de metas y
actividades, para cuando el
autista
"se componga".
Impotencia
Es común que los padres se
sientan incapaces, derrotados y
paralizados, aun antes de
comenzar. Tener un hijo autista
puede ser un duro golpe a la
auto-estima y la confianza en sí
mismos, por varias razones:
Primero, porque no saben cómo se
es padre de un niño autista. Se
enfrentan a conductas extrañas e
inexplicables, reacciones
impredecibles y necesidades para
las que ningún padre está
preparado. No hay reglas
establecidas, ni modelos, ni
experiencias previas que ayuden
a saber qué se debe hacer.
Segundo, la necesidad de ayuda
especializada en el cuidado y
educación del hijo, puede
hacerlos sentir poco aptos como
padres.
Tercero, la falta de información
respecto al autismo, el miedo a
lo desconocido: no saber qué
esperar ni si se podrá hacer
frente a lo que se presente en
el futuro.
Todo esto
puede llegar a una profunda
depresión, una sensación
devastadora de desesperanza en
que la única certeza es que
"no hay nada que yo pueda hacer".
Culpa
Todas las mujeres embarazadas
tienen en algún momento el
temor, a veces oculto y otras
manifiesto, de que su bebé no
sea "normal" o "sano". En las
madres de los niños autistas,
esta pesadilla se convierte en
realidad y surge la idea de que
algo hicieron mal antes o
durante el embarazo: la aspirina
que tomaron, las clases de
gimnasia, no haber dejado de
fumar antes, algún problema
hereditario, o cualquier otra
razón, puede ser suficiente para
explicar por qué el niño está
mal, y quién es la (o el)
culpableNo importa qué tan
intensa sea la culpa, la
información y el sentido común
ayudan a sobreponerse. Nada en
la conducta de ninguno de los
padres pudo haber causado el
autismo de su hijo. Aun cuando
pudiera encontrarse una causa
genética, es claro que fue
transmitida involuntariamente y
que, de haberse conocido, se
hubiera evitado.
Enojo
El enojo es una resultante
natural de la culpa: ¡alguien
tiene que ser el culpable de lo
que sucede al hijo! El enojo va
contra todo: con los doctores,
por no encontrar cura; con los
educadores, por no lograr que
aprenda; con el esposo(a),
porque no es capaz de aliviar el
dolor; contra otros padres,
porque no aprecian la normalidad
de sus propios hijos; contra su
hijo enfermo, por ser autista.
En esos momentos, los padres
sienten que nadie puede
comprender lo que les pasa y
alguien tiene que "pagar" por
esta situación tan injusta. El
enojo sirve sobre todo, para
ocultar el dolor y la tristeza.
Con frecuencia los padres se
sienten menos vulnerables
estando enojados, que estando
tristes.
Duelo
En la base de todas las otras
emociones, se encuentra un
profundo sentido de pérdida. Se
perdió el niño ideal y perfecto
que alguna vez se creyó tener, y
con él, muchas esperanzas y
sueños que rodeaban su futuro.
La familia perfecta que alguna
vez se imaginó está en ruinas y
los padres no saben donde
empezar a recoger los pedazos.
Cada persona
tiene una forma distinta de
manejar este sentido de pérdida:
algunos lloran y preguntan
incesantemente
"¿Por qué a mi?",
estableciendo un círculo de
autocompasión y deseando que
todo el mundo se dé cuenta de lo
mucho que están sufriendo; otros
manejan este duelo más
controlada y calladamente:
permanecen en silencio,
pensativos y sombríos. En
ocasiones sienten tal tristeza,
que llegan a pensar que hubiera
sido mejor que el niño enfermo
no hubiera nacido. Por duro que
parezca, estas emociones son
normales y constituyen una forma
de tratar de evadir la realidad
de un hijo con autismo. Con el
tiempo, también estas emociones
son más tolerables, y
reconocerlas sin temor a
sentirse "malo", permitirá a los
padres aceptar más fácilmente la
realidad y estar alertas ante
sus propias reacciones y
conductas frente al problema.
Negación, impotencia, culpa,
enojo y duelo son reacciones
normales ante el autismo. Aun
cuando suelen ser más intensas
al momento de recibir el
diagnóstico, se presentan muchas
veces, inclusive cuando lo
padres piensan que ya han
aceptado loa condición de su
hijo. Estos padres estarán
siempre sujetos a mayor tensión
que otros padres, y deberán
constantemente hacer frente a
intensas y contradictorias
emociones. Tal vez lo más
importante sea reconocer que
esto es normal, que sí es
posible manejarlas y, como otros
padres lo han hecho antes,
sobrevivir y tener una vida
disfrutable.
Los Hermanos
Los hermanos de un individuo
autista son, antes que nada
personas. Tienen los mismos
problemas y preocupaciones que
los demás, aunado a una carga
adicional inevitable que implica
esta relación especial, que
tiene ciertas características
distintivas: es una relación de
por vida, existe un lazo
biológico, comparten los mismo
padres y son fuente de seguridad
y consuelo mutuo.
Se
recomiendan cinco estrategias
fundamentales par ayudar a los
hermanos:
1.- Respeto a su individualidad
No deben ser comparados con
otros niños; necesitan
desarrollar una identidad
propia, independiente de la
familia y de sus otros hermanos.
Aunque esta es una necesidad
común a cualquier hermano, puede
estar intensificada por la
presencia del hermano autista y
por la estructura que la familia
ha desarrollado para atender las
necesidades de éste.
2.- Comprensión
Sus vidas son diferentes a las
de otros, por las presiones y
problemas que conlleva el vivir
con un individuo autista.
Necesitan saber que los demás
(particularmente los adultos)
entienden su situación
particular y están dispuestos a
escuchar y ayudar
3.- Información
Es importante darles información
clara, directa y a su nivel, que
responda a todas las
interrogantes que se plantean
respecto a su hermano, la
familia, ellos mismos, la
escuela, los tratamientos, etc.
Normalmente requieren de
diferente información según
pasan los años, y es importante
tenerla a su disposición.
4.- Apoyo
Algunas veces requieren de ayuda
profesional para entender y
manejar sus propias reacciones
frente al problema. Con
frecuencia los grupos de
hermanos son de gran ayuda, pues
se da rápidamente una especie de
alianza o complicidad muchas
veces implícita, al compartir el
mismo "problema".
5.- Entretenimiento
Muchos hermanos sienten el deseo
de ayudar a sus padres con el
cuidado de su hermano. Es
necesario enseñarlos a trabajar
con él, para que puedan
interactuar exitosamente y esta
relación sea gratificante y
satisfactoria.
Estrategias útiles
-
Enfrentar las emociones.
Negarlas no ayuda a
eliminarlas.
-
Darse tiempo. Es necesario
elaborar la emociones, antes
de poder sobreponerse y
actuar.
-
Obtener información sobre el
autismo, los servicios
disponibles, etc., les ayudará
a actuar con mayor seguridad.
-
Buscar ayuda de otros padres o
profesionales.
-
Comunicación clara y abierta.
-
Organización de las rutinas
diarias.
-
Mantener un balance en los
intereses, actividades y
tiempo de todos.
-
Ajustar las expectativas.
-
Respeto y comprensión ante las
personalidades, reacciones y
necesidades de todos los
miembros.
-
Mantener el sentido del humor.
EVITAR:
-
Sobre-protección.
-
Involucración total.
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Rechazo
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Vergüeza
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